¿Qué es ser Franciscano Seglar?

¿Qué es ser Franciscano Seglar?
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sábado, 24 de enero de 2026

Historia de nuestra fraternidad.

La Fraternidad de la Orden Franciscana Seglar San Francisco de Asís de Cáceres custodia, como un verdadero tesoro, los libros de actas que recogen la memoria viva de su historia. El primero de ellos, fechado en 1896, conserva el testimonio escrito de las profesiones de hermanos y hermanas que, movidos por el carisma franciscano, fueron dando forma a nuestra fraternidad. Desde entonces y hasta nuestros días, la vida, la fe y el compromiso de la Fraternidad han quedado fielmente transmitidos de generación en generación a través de estos valiosos documentos.

Con profundo respeto y gratitud, hoy presentamos la publicación del segundo libro de actas, correspondiente al periodo comprendido entre 1920 y 1937. Se trata de una etapa especialmente significativa, en la que la comunidad franciscana —regresada a Cáceres en 1912— se fue asentando progresivamente en el templo de Nuestra Señora del Rosario y Santo Domingo. En sus páginas puede leerse el apoyo constante y generoso de los hermanos y hermanas de la Fraternidad a dicha comunidad: la adquisición de bancos para el templo, la celebración de cultos y la incorporación de imágenes devocionales, entre otras muchas muestras de fe compartida y compromiso eclesial.

Con esta publicación deseamos compartir un pequeño pero precioso fragmento de nuestra historia, un legado que refleja el carisma franciscano que nos ha sido confiado y que sigue vivo en nuestra Fraternidad en la actualidad. Confiamos en que este espíritu continúe transmitiéndose a las generaciones futuras, siempre bajo la providente guía de Dios Omnipotente, en cuyas manos ponemos nuestro pasado, nuestro presente y nuestro porvenir.

LIBRO DE ACTAS 2

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https://drive.google.com/file/d/1D8oGzUF-aqzt-2fXHx6FiQcvWxd1Lxlb/view


martes, 13 de enero de 2026

Carta del Papa León a los franciscanos

 

Carta del Santo Padre León XIV a los Ministros Generales de la Conferencia de la Familia Franciscana con ocasión de la apertura del VIII Centenario de la muerte de San Francisco de Asís.

 

A los Ministros Generales

de la Conferencia de la Familia Franciscana

 

«Nuestra hermana muerte», exclamó san Francisco el 3 de octubre de 1226 en la Porciúncula, al acercarse a ella como un hombre finalmente en paz. Han pasado ocho siglos desde la muerte del Poverello de Asís, quien incisivamente escribió la palabra salvadora de Cristo en los corazones de los hombres de su tiempo.

 Al recordar el significativo aniversario del VIII Centenario de su muerte, deseo unirme espiritualmente a toda la Familia Franciscana y a todos los que participarán en los actos conmemorativos, deseando que el mensaje de paz encuentre un eco profundo en la Iglesia y en la sociedad actual.

 Al inicio de su vida evangélica, había sentido una llamada: «El Señor me reveló que debíamos decir este saludo: “El Señor te conceda la paz”»[1]. Con estas palabras esenciales, transmite a sus hermanos y a cada creyente la maravilla interior que el Evangelio había traído a su existencia: la paz es la suma de todos los bienes de Dios, un don que desciende de lo Alto. ¡Qué ilusorio sería pensar en construirla solo con la fuerza humana! Y, sin embargo, es un don activo, que debe ser acogido y vivido cada día[2].

 Es el mismo saludo que el Señor resucitado dirigió a sus discípulos, asustados y encerrados en el Cenáculo, la tarde de Pascua: «La paz esté con vosotros»[3]. No es una fórmula cortés, sino el anuncio certero de la victoria de Cristo sobre la muerte. Como la voz de los ángeles en la noche de Navidad: «Gloria a Dios en las alturas, y en la tierra paz a los hombres en quienes él se complace»[4] así pues la paz que anuncia el Padre Seráfico es la que Cristo mismo hizo resonar entre el cielo y la tierra.

 En esta época, marcada por tantas guerras aparentemente interminables, por divisiones internas y sociales que generan desconfianza y miedo, él sigue hablando. No porque ofrezca soluciones técnicas, sino porque su vida señala la auténtica fuente de la paz.

 La visión franciscana de la paz no se limita a las relaciones entre los seres humanos, sino que abarca toda la creación. Francisco, quien llama al sol «hermano» y a la luna «hermana», y quien reconoce en cada criatura un reflejo de la belleza divina, nos recuerda que la paz debe extenderse a toda la familia de la Creación. Esta perspectiva resuena con especial urgencia en nuestro tiempo, cuando nuestra casa común se ve amenazada y sufre bajo la explotación. La paz con Dios, la paz entre las personas y la paz con la Creación son dimensiones inseparables de un único llamado a la reconciliación universal.

 Queridos hermanos y hermanas, el ejemplo y el legado espiritual de este santo, fuerte en la fe, firme en la esperanza y ardiente en la caridad activa hacia los demás, inspiren en todos la importancia de confiar en el Señor, de dedicarse a una vida fiel al Evangelio, de acoger e iluminar con la fe y la oración cada circunstancia y acción de la vida.

 En este Año de gracia, deseo ofreceros una oración para que San Francisco de Asís siga infundiendo en todos nosotros la alegría y la armonía perfecta:

San Francisco, hermano nuestro, tú que hace ochocientos años
fuiste al encuentro de la Hermana Muerte como hombre de paz,
intercede por nosotros ante el Señor.

En el Crucifijo de San Damián reconociste la verdadera paz,
enséñanos a buscar en Él la fuente de toda reconciliación
que derriba todo muro.

Tú que, desarmado, cruzaste las líneas de la guerra
y la incomprensión,
danos el coraje de construir puentes
allí donde el mundo erige fronteras,

En estos tiempos plagados de conflicto y división,
intercede para que nos convirtamos en pacificadores:
testigos inermes y desarmantes de la paz que viene de Cristo.
Amén.

 

Con estos sentimientos, expreso fervientes deseos de bien especialmente para todos vosotros que seguís el carisma del Poverello de Asís y para cuantos recordarán de diversos modos el aniversario de su dies natalis , a la vez que envío de corazón la deseada Bendición Apostólica.

 Desde el Vaticano, 7 de enero de 2026

León PP. XIV

______________

[1] Testamento 23.

[2] Cf. Papa León XIV, Discurso al Cuerpo Diplomático , 16 de mayo de 2025.

[3] Juan 20:19.

[4] Lucas 2:14.

 



martes, 6 de enero de 2026

Navidad en fraternidad

 Nuestra fraternidad ha vivido muy intensamente estas fechas donde celebramos la encarnación del Verbo de Dios que se hizo hombre y nació en un pesebre entre los últimos y los pequeños.
Hemos asistido a la recepción de la luz de Belén traída a nuestra diócesis de Coria-Cáceres por los scouts, participado en la recogida de juguetes de la Franciscana Hermandad de Salud y Estrella y especialmente estuvimos compartiendo un rato distendido en fraternidad con nuestras hermanas del convento de San Pablo.
Esperamos que el Niño Jesús vuelva a nacer en los corazones y lo podamos llevar a nuestras familias, trabajos, asociaciones y allá donde estemos.






lunes, 17 de noviembre de 2025

Solemnidad de santa Isabel de Hungría

El 17 de noviembre conmemoramos a santa Isabel de Hungría, patrona de la Orden Franciscana Seglar. Nuestra fraternidad vivió esta celebración con un espacio de formación y participando en la Eucaristía, en la que la imagen de nuestra patrona fue colocada en el presbiterio de la iglesia de Santo Domingo.

Al finalizar la celebración, numerosos fieles se acercaron a preguntarnos por la imagen y por la santa a la que representaba. Esto nos brindó una valiosa oportunidad para dar a conocer nuestra fraternidad y compartir el testimonio de vida y caridad de santa Isabel.

Resulta llamativo comprobar que, a pesar de que nuestra fraternidad existe desde antes de 1896, muchas personas asiduas a nuestro templo franciscano desconocen todavía nuestra espiritualidad y nuestra vocación en la Iglesia. Esta experiencia es para nosotros una llamada de atención y un estímulo para estar más cercanos y disponibles a los hermanos y hermanas que caminan a nuestro alrededor.

sábado, 8 de noviembre de 2025

Encuentro de Zona. Día del Franciscano Seglar

 El 8 de noviembre, los hermanos y hermanas de la Orden Franciscana Seglar de la Zona de San Pedro de Álcantara (Extremadura) se reunieron en la ermita de Santiago de la localidad de Villanueva de la Serena.
Recibidos por la fraternidad local con churros con chocolate, celebramos la eucaristía presidida por el Asistente de Zona fray Carlos OFM. Seguidamente se celebró el Capítulo de la Zona con los Ministros y se realizaron dinámicas en torno al Cántico de las Criaturas de san Francisco de Asís.
Visitamos en convento de hermanas concepcionistas de la localidad y compartimos la mesa en fraternidad.
Fue un día precioso donde vivimos la fraternidad como un don de Dios que nos une a personas de muchas condiciones pero una misma manera de entender nuestra vocación.










viernes, 10 de octubre de 2025

Escuchar a Dios en todo tiempo y lugar: la lección de San Carlo Acutis y San Francisco de Asís

El Evangelio resuena en todas las generaciones con la misma exigencia amorosa:

“Sed perfectos, como vuestro Padre celestial es perfecto” (Mt 5,48).

Estas palabras, que podrían parecer inalcanzables, encierran el núcleo de la vocación cristiana que se nos entrega en el bautismo: la santidad. No se trata de una meta reservada a unos pocos místicos o visionarios, sino de un camino abierto para todos, sin excepción. Cada época, cada cultura y cada persona es un espacio donde Dios llama. La historia de la Iglesia es, en realidad, una historia de respuestas generosas —en ocasiones temerosas— a esa voz que nunca deja de hablar.

En este horizonte se sitúa la figura de san Carlo Acutis, un joven del siglo XXI que vivió apenas quince años, pero que comprendió lo esencial: que la vida solo tiene sentido cuando se cumple la voluntad de Dios. Carlo no necesitó retirarse al desierto ni vestir un hábito; su santidad floreció en la escuela, en la calle, frente al ordenador y en la pista de fútbol. Desde muy niño intuyó que la Eucaristía era el centro de todo: “mi autopista hacia el Cielo”, decía, y orientó su existencia a hacer visible la presencia de Cristo en el día a día.

A través de su ejemplo, la Iglesia nos recuerda que la gracia no se limita a los claustros ni a los milagros sorprendentes: se derrama también en los pasillos del colegio, en las redes sociales y en las rutinas aparentemente triviales. Carlo supo escuchar la voz de Dios en el lenguaje de su tiempo, en un mundo saturado de ruidos y distracción. Su fe no fue una huida del presente, sino una vida vivida en plenitud, sin artificios ni esclavitudes modernas. Su corazón, libre de superficialidad, estaba predispuesto a obedecer la voluntad divina. “Mis amigos están tristes porque no conocen a Dios”, solía decir. Quería llevar a otros hacia la fuente de la alegría verdadera.

“Toma lo que es tuyo y vete. Quiero dar a este que llega al último lo mismo que a ti... ¿Por qué tomas a mal que yo sea bueno?” (Mt 20,14-15).

Este pasaje, que denuncia la envidia y la incomprensión ante la gratuidad divina, ilumina también las resistencias que despierta una santidad tan cercana como la de Carlo. Muchos se preguntan: “¿Qué hizo él, aparte de usar vaqueros y zapatillas?”. Pero precisamente ahí radica el milagro: en mostrar que la santidad no consiste en hazañas espectaculares, sino en amar a Dios. Carlo comprendió que el amor es la medida de la perfección y que todo lo demás —los talentos, las obras, los logros— solo tiene valor si conduce a ese amor.



Esta docilidad al Espíritu encuentra un eco profundo en otro joven italiano, san Francisco de Asís, quien siglos antes escuchó la misma voz transformadora. Francisco, el hijo del rico comerciante, conoció la vanidad y el placer; pero el encuentro con Cristo crucificado en la iglesia de San Damián lo despojó, poco a poco, de toda ilusión mundana. Su conversión, de un joven frívolo a un imitador radical de Cristo, es una de las metamorfosis más hermosas de la historia espiritual de la cristiandad.

Jesús le habló, como al joven rico del Evangelio (Mc 10,17-22): “Vende lo que tienes, dalo a los pobres y sígueme”. Francisco sí lo hizo. Renunció a todo lo que le prometía seguridad y eligió la pobreza, el servicio y la fraternidad. Desde entonces, su vida se convirtió en un reflejo visible del Evangelio. Fue, en palabras del papa Benedicto XVI, “un hombre que quiso seguir a Cristo sine glossa, sin interpretaciones ni atenuantes”.

La vida de Carlo Acutis puede parecer distinta en apariencia, pero comparte el mismo principio evangélico: escuchar y responder. Francisco escuchó la voz del Crucificado desde las piedras de San Damián; Carlo la escuchó desde la Hostia consagrada y sus dones informáticos. Ambos entendieron que Dios se revela en momentos concretos de la vida, y que lo único necesario es tener el corazón abierto para reconocerlo.

San Francisco de Asís también sufrió el desprecio de otros que tenían el ideal de santidad como un camino fabricado a la medida de una élite. Sin embargo, la voz del Señor lo condujo por la senda correcta: la del Evangelio. Por otra parte, también la historia de San Francisco sufrió distorsiones, convirtiéndolo en un ente de otro mundo, un riesgo que parece estar impregnando la vida del joven Carlo Acutis. Dios propone a personas de carne y hueso, con defectos y virtudes, como modelos para seguir su voluntad. Dios mismo se hizo hombre para mostrarnos esa ruta. No podemos convertir la santidad en algo inalcanzable o, peor aún, en un camino hecho a medida según ciertos intereses.

Francisco y Carlo, separados por ocho siglos, son dos signos de un mismo Espíritu. El primero habló desde la pobreza radical; el segundo, desde la sencillez cotidiana de un joven del siglo XXI. Ambos dejaron que el Evangelio modelara sus vidas, hasta convertirse en testigos visibles de que Dios sigue llamando hoy, como ayer, a todos los hombres y mujeres a la plenitud de la vida.

La vida de estos santos nos recuerda que la llamada de Dios no depende del tiempo, del lugar ni de la edad. Él sigue pronunciando las mismas palabras que dijo en los caminos de Galilea: “Ven y sígueme” (Mt 9,9). Escucharlas exige silencio interior, humildad y confianza. Responder implica renunciar a los ídolos del egoísmo y abrirse a una existencia nueva, centrada en el amor.

Tanto Francisco como Carlo nos enseñan que la santidad no es una meta heroica reservada a santos inalcanzables con aureolas de oro, sino la condición natural de quien vive unido a Cristo. Dios no busca perfeccionistas, sino corazones disponibles. Y cuando un alma se deja alcanzar por su voz, ya no importa si vive en el siglo XIII o en el XXI: en ambos, el Evangelio vuelve a hacerse carne.


PAZ Y BIEN

Juan Avís O.F.S.

domingo, 5 de octubre de 2025

CRÓNICA CULTOS EN HONOR DE SAN FRANCISCO DE ASÍS

Tras celebrar el 17 de septiembre la fiesta de la impresión de los estigmas a san Francisco de Asís nos propusimos vivir los cultos en honor del Seráfico Padre.

 Del  29 de septiembre al 3 de octubre se celebró en el Templo Conventual de Sto. Domingo devoto quinario a San Francisco, en el que nuestra fraternidad "San Francisco de Asís" asistió todos los días participando de forma activa, colaborando y organizando la eucaristía con los nuevos hermanos menores fray Guillermo y fray Hipólito, recién llegados desde Guadalupe. Destacable fue la gratitud de fieles de san Francisco que colaboraron en la decoración del retablo efímero que se instaló en el presbiterio.


Han sido unos días donde hemos vivido intensamente el carisma franciscano, momentos de encuentro y oración entre hermanos disfrutando de nuestra unión, con el corazón alegre y llenos de gratitud y esperanza para seguir el hermoso camino que nos muestra el Seráfico Padre.

El día 4 de octubre solemnidad de San Francisco, también asistimos y participamos en la eucaristía activamente, tanto acolitando, leyendo o participando en los diferentes menesteres. 



Posteriormente también estuvimos presente en la procesión organizada por la Hermandad de la Salud con la imagen de San Francisco por las calles de la ciudad. La fraternidad asistió portando el estandarte de San Francisco, sintiendo y recogiendo el legado de tantos hermanos anteriores a nosotros y enseñando en la calle una realidad, una vivencia y un espíritu que no es muy conocido y que debemos de mostrar, "del Evangelio a la vida y de la vida al Evangelio" como nos enseña nuestro Seráfico Padre San Francisco.

Fue una  jornada vivida con mucha ilusión y en un ambiente de unión y fraternidad franciscanos junto al resto de hermanos de la familia franciscana de Sto. Domingo y resto de fieles.

PAZ Y BIEN.

Julio César Lemus O.F.S.