Todo empezó un año 69 del siglo pasado, sin darme cuenta mis padres me llevaron a formarme de un colegio de Monjas (San José, Cáceres), a los padres franciscanos (Colegio San Antonio de Padua) de esta nuestra ciudad de Cáceres. Empezaron a enseñarme quiénes eran las franciscanos que comenzaron y el nombre del colegio que era de un fraile franciscano que se llamaba san Antonio de Padua, que junto a san Francisco de Asís. Estos santos fueron unos de los referentes de mi poca o mucha formación.
Comenzando por San Francisco de Asís: él, que había llevado una vida acomodada y feudal, con gran poder adquisitivo y experiencia en diversas batallas, tomó una decisión que cambiaría su destino. Un día comunicó a su familia que renunciaba a todos sus bienes y privilegios para dedicarse por completo a ayudar a los demás. Se despojó de sus posesiones, incluso de su ropa, y se marchó, llegando hasta un lugar abandonado donde encontró una cruz con la imagen de Cristo en el centro: el Crucifijo de San Damián. A partir de entonces, comenzó a recorrer las calles, conviviendo con leprosos y todo tipo de personas marginadas, mientras predicaba el Evangelio que nuestro Señor Dios había puesto en su corazón para compartir con el mundo.
Gracias a los Franciscanos, y con el apoyo de mis padres, recibí unos valores y un aprendizaje de vida que me marcaron profundamente. Con el paso del tiempo, he comprendido que dar a los demás y defender esos valores que me fueron inculcados no era solo una enseñanza, sino una misión personal que debía llevar a cabo. Hoy, con la influencia del tiempo y de la propia vida, puedo decir que, en mayor o menor medida, estoy logrando ponerlos en práctica y llevarlos a buen término.
Y en el camino se cruzó la Orden Franciscana Seglar (O.F.S.), y, en concreto, la figura de San Francisco de Asís. Durante mi proceso de formación comprendí que todo aquello que, años atrás, me habían enseñado mis padres por un lado y los frailes franciscanos por otro, debía llevarlo a la práctica. Sentí que tenía la responsabilidad de intentar transmitir y compartir las enseñanzas que yo mismo había recibido. Lo hice convencido de que es fundamental que cada persona aprenda a valorar estos principios que dan sentido y dirección a la vida.
Ejemplos de estos valores son:
1.- Sacrificio
2.- Amistad.
3.- Pobreza
4.- Caridad
5.- Amor al Prójimo
6.- Austeridad
Podría decir muchas cosas más, pero creo que todo se resume en una palabra: evangelizar. Dentro de lo poco o mucho que yo pueda aportar, intentaré llevar a la práctica lo que san Francisco nos enseñó y, de esta manera, ofrecer a nuestra sociedad las vivencias y el amor que cada uno de nosotros llevamos dentro.
De una manera u otra, he intentado expresar en estas líneas por qué deseo ser franciscano seglar: porque quiero aportar, sumar y aprender de los demás, con el propósito de que juntos podamos ser mejores personas.
En los tiempos que vivimos, los cristianos debemos permanecer más unidos que nunca, y dentro de la O.F.S., inspirados por San Francisco de Asís, podemos dar mayor visibilidad a nuestra misión para que nuestros hermanos puedan acercarse y crecer en el camino hacia una vida inspirada en el Evangelio.
Por ello, ser de la O.F.S. para mí ha sido un antes y un después en mi vida cotidiana, por ello doy gracias a Dios y nuestro san Francisco de Asís.
PAZ Y BIEN
Francisco Manuel Iglesias Rivera O.F.S.

No hay comentarios:
Publicar un comentario