¿Qué es ser Franciscano Seglar?

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viernes, 10 de octubre de 2025

Escuchar a Dios en todo tiempo y lugar: la lección de San Carlo Acutis y San Francisco de Asís

El Evangelio resuena en todas las generaciones con la misma exigencia amorosa:

“Sed perfectos, como vuestro Padre celestial es perfecto” (Mt 5,48).

Estas palabras, que podrían parecer inalcanzables, encierran el núcleo de la vocación cristiana que se nos entrega en el bautismo: la santidad. No se trata de una meta reservada a unos pocos místicos o visionarios, sino de un camino abierto para todos, sin excepción. Cada época, cada cultura y cada persona es un espacio donde Dios llama. La historia de la Iglesia es, en realidad, una historia de respuestas generosas —en ocasiones temerosas— a esa voz que nunca deja de hablar.

En este horizonte se sitúa la figura de san Carlo Acutis, un joven del siglo XXI que vivió apenas quince años, pero que comprendió lo esencial: que la vida solo tiene sentido cuando se cumple la voluntad de Dios. Carlo no necesitó retirarse al desierto ni vestir un hábito; su santidad floreció en la escuela, en la calle, frente al ordenador y en la pista de fútbol. Desde muy niño intuyó que la Eucaristía era el centro de todo: “mi autopista hacia el Cielo”, decía, y orientó su existencia a hacer visible la presencia de Cristo en el día a día.

A través de su ejemplo, la Iglesia nos recuerda que la gracia no se limita a los claustros ni a los milagros sorprendentes: se derrama también en los pasillos del colegio, en las redes sociales y en las rutinas aparentemente triviales. Carlo supo escuchar la voz de Dios en el lenguaje de su tiempo, en un mundo saturado de ruidos y distracción. Su fe no fue una huida del presente, sino una vida vivida en plenitud, sin artificios ni esclavitudes modernas. Su corazón, libre de superficialidad, estaba predispuesto a obedecer la voluntad divina. “Mis amigos están tristes porque no conocen a Dios”, solía decir. Quería llevar a otros hacia la fuente de la alegría verdadera.

“Toma lo que es tuyo y vete. Quiero dar a este que llega al último lo mismo que a ti... ¿Por qué tomas a mal que yo sea bueno?” (Mt 20,14-15).

Este pasaje, que denuncia la envidia y la incomprensión ante la gratuidad divina, ilumina también las resistencias que despierta una santidad tan cercana como la de Carlo. Muchos se preguntan: “¿Qué hizo él, aparte de usar vaqueros y zapatillas?”. Pero precisamente ahí radica el milagro: en mostrar que la santidad no consiste en hazañas espectaculares, sino en amar a Dios. Carlo comprendió que el amor es la medida de la perfección y que todo lo demás —los talentos, las obras, los logros— solo tiene valor si conduce a ese amor.



Esta docilidad al Espíritu encuentra un eco profundo en otro joven italiano, san Francisco de Asís, quien siglos antes escuchó la misma voz transformadora. Francisco, el hijo del rico comerciante, conoció la vanidad y el placer; pero el encuentro con Cristo crucificado en la iglesia de San Damián lo despojó, poco a poco, de toda ilusión mundana. Su conversión, de un joven frívolo a un imitador radical de Cristo, es una de las metamorfosis más hermosas de la historia espiritual de la cristiandad.

Jesús le habló, como al joven rico del Evangelio (Mc 10,17-22): “Vende lo que tienes, dalo a los pobres y sígueme”. Francisco sí lo hizo. Renunció a todo lo que le prometía seguridad y eligió la pobreza, el servicio y la fraternidad. Desde entonces, su vida se convirtió en un reflejo visible del Evangelio. Fue, en palabras del papa Benedicto XVI, “un hombre que quiso seguir a Cristo sine glossa, sin interpretaciones ni atenuantes”.

La vida de Carlo Acutis puede parecer distinta en apariencia, pero comparte el mismo principio evangélico: escuchar y responder. Francisco escuchó la voz del Crucificado desde las piedras de San Damián; Carlo la escuchó desde la Hostia consagrada y sus dones informáticos. Ambos entendieron que Dios se revela en momentos concretos de la vida, y que lo único necesario es tener el corazón abierto para reconocerlo.

San Francisco de Asís también sufrió el desprecio de otros que tenían el ideal de santidad como un camino fabricado a la medida de una élite. Sin embargo, la voz del Señor lo condujo por la senda correcta: la del Evangelio. Por otra parte, también la historia de San Francisco sufrió distorsiones, convirtiéndolo en un ente de otro mundo, un riesgo que parece estar impregnando la vida del joven Carlo Acutis. Dios propone a personas de carne y hueso, con defectos y virtudes, como modelos para seguir su voluntad. Dios mismo se hizo hombre para mostrarnos esa ruta. No podemos convertir la santidad en algo inalcanzable o, peor aún, en un camino hecho a medida según ciertos intereses.

Francisco y Carlo, separados por ocho siglos, son dos signos de un mismo Espíritu. El primero habló desde la pobreza radical; el segundo, desde la sencillez cotidiana de un joven del siglo XXI. Ambos dejaron que el Evangelio modelara sus vidas, hasta convertirse en testigos visibles de que Dios sigue llamando hoy, como ayer, a todos los hombres y mujeres a la plenitud de la vida.

La vida de estos santos nos recuerda que la llamada de Dios no depende del tiempo, del lugar ni de la edad. Él sigue pronunciando las mismas palabras que dijo en los caminos de Galilea: “Ven y sígueme” (Mt 9,9). Escucharlas exige silencio interior, humildad y confianza. Responder implica renunciar a los ídolos del egoísmo y abrirse a una existencia nueva, centrada en el amor.

Tanto Francisco como Carlo nos enseñan que la santidad no es una meta heroica reservada a santos inalcanzables con aureolas de oro, sino la condición natural de quien vive unido a Cristo. Dios no busca perfeccionistas, sino corazones disponibles. Y cuando un alma se deja alcanzar por su voz, ya no importa si vive en el siglo XIII o en el XXI: en ambos, el Evangelio vuelve a hacerse carne.


PAZ Y BIEN

Juan Avís O.F.S.

domingo, 5 de octubre de 2025

CRÓNICA CULTOS EN HONOR DE SAN FRANCISCO DE ASÍS

Tras celebrar el 17 de septiembre la fiesta de la impresión de los estigmas a san Francisco de Asís nos propusimos vivir los cultos en honor del Seráfico Padre.

 Del  29 de septiembre al 3 de octubre se celebró en el Templo Conventual de Sto. Domingo devoto quinario a San Francisco, en el que nuestra fraternidad "San Francisco de Asís" asistió todos los días participando de forma activa, colaborando y organizando la eucaristía con los nuevos hermanos menores fray Guillermo y fray Hipólito, recién llegados desde Guadalupe. Destacable fue la gratitud de fieles de san Francisco que colaboraron en la decoración del retablo efímero que se instaló en el presbiterio.


Han sido unos días donde hemos vivido intensamente el carisma franciscano, momentos de encuentro y oración entre hermanos disfrutando de nuestra unión, con el corazón alegre y llenos de gratitud y esperanza para seguir el hermoso camino que nos muestra el Seráfico Padre.

El día 4 de octubre solemnidad de San Francisco, también asistimos y participamos en la eucaristía activamente, tanto acolitando, leyendo o participando en los diferentes menesteres. 



Posteriormente también estuvimos presente en la procesión organizada por la Hermandad de la Salud con la imagen de San Francisco por las calles de la ciudad. La fraternidad asistió portando el estandarte de San Francisco, sintiendo y recogiendo el legado de tantos hermanos anteriores a nosotros y enseñando en la calle una realidad, una vivencia y un espíritu que no es muy conocido y que debemos de mostrar, "del Evangelio a la vida y de la vida al Evangelio" como nos enseña nuestro Seráfico Padre San Francisco.

Fue una  jornada vivida con mucha ilusión y en un ambiente de unión y fraternidad franciscanos junto al resto de hermanos de la familia franciscana de Sto. Domingo y resto de fieles.

PAZ Y BIEN.

Julio César Lemus O.F.S.

domingo, 14 de septiembre de 2025

Noche del Patrimonio - Exposición Cántico de las Criaturas

 El pasado sábado 13 de septiembre, nuestros hermanos de la fraternidad de Sta. María de los Ángeles organizaron unas visitas al templo conventual de Santo Domingo y una exposición de cuadros que versaban sobre el Cántico de las Criaturas de san Francisco de Asís, que pintó Jorge Díez OFS.

Nuestra fraternidad participó apoyando las explicaciones del templo y de los grupos que hacen su vida en el mismo. Además expusimos en el retablo de nuestro Seráfico Padre San Francisco de Asís la capilla domiciliaria de san Francisco, recientemente restaurada, la imagen de santa Isabel de Hungría y tres libros de la historia de nuestra fraternidad (registro de hermanos de 1896, Regla de 1901 y Regla actual de 2001).

Vivimos una noche en fraternidad y hablando de nuestro carisma y nuestra misión tan necesaria en el día a día de nuestra comunidad.

Gracias.









domingo, 3 de agosto de 2025

Jubileo de la Porciúncula

 Este sábado 2 de agosto hemos celebrado la gran fiesta de Ntra. Sra. de los Ángeles de la Porciúncula.

En esta fiesta recordamos no sólo la Indulgencia que logró Ntro. Seráfico Padre para llevar a todas las almas al Cielo, sino que es recuerdo de orígenes.

En la pequeña capilla de la Porciúncula, dedicada a Ntra. Sra. de los Ángeles, san Francisco reconstruyó no solo sus muros, sino a toda la Iglesia.

Allí san Francisco funda la Orden de Hermanos Menores y consagra a la virgen Clara de Asís, fundando la Orden de las Clarisas. Allí también se sitúa el origen de la primera regla de la Orden Franciscana Seglar. Es recuerdo de que Cristo nos sigue llamando a la santidad, a la vocación particular, a recordar nuestra historia.

En nuestra sede de Santo Domingo celebramos la fiesta con confesiones y la eucaristía. En las escaleras del presbiterio, a modo de pequeña Porciúncula, se dispuso el icono de la Virgen que se venera en la capilla de Asís. Así mismo, al lado de la imagen de Nuestro Titular y fundador, pusimos nuestro estandarte para  que se visualice durante estas conmemoraciones de san Francisco de Asís.

Después, nuestra fraternidad y los frailes, ofrecimos un pequeño ágape para compartir y construir la fraternidad.

Gracias Señor por este regalo.







viernes, 25 de julio de 2025

Testimonio: LA VIDA NOS CAMBIA

Todo empezó un año 69 del siglo pasado, sin darme cuenta mis padres me llevaron a formarme de un colegio de Monjas (San José, Cáceres), a los padres franciscanos (Colegio San Antonio de Padua) de esta nuestra ciudad de Cáceres. Empezaron a enseñarme quiénes eran las franciscanos que comenzaron y el nombre del colegio que era de un fraile franciscano que se llamaba san Antonio de Padua, que junto a san Francisco de Asís. Estos santos fueron unos de los referentes de mi poca o mucha formación.

Comenzando por San Francisco de Asís: él, que había llevado una vida acomodada y feudal, con gran poder adquisitivo y experiencia en diversas batallas, tomó una decisión que cambiaría su destino. Un día comunicó a su familia que renunciaba a todos sus bienes y privilegios para dedicarse por completo a ayudar a los demás. Se despojó de sus posesiones, incluso de su ropa, y se marchó, llegando hasta un lugar abandonado donde encontró una cruz con la imagen de Cristo en el centro: el Crucifijo de San Damián. A partir de entonces, comenzó a recorrer las calles, conviviendo con leprosos y todo tipo de personas marginadas, mientras predicaba el Evangelio que nuestro Señor Dios había puesto en su corazón para compartir con el mundo.


Gracias a los Franciscanos, y con el apoyo de mis padres, recibí unos valores y un aprendizaje de vida que me marcaron profundamente. Con el paso del tiempo, he comprendido que dar a los demás y defender esos valores que me fueron inculcados no era solo una enseñanza, sino una misión personal que debía llevar a cabo. Hoy, con la influencia del tiempo y de la propia vida, puedo decir que, en mayor o menor medida, estoy logrando ponerlos en práctica y llevarlos a buen término.

Y en el camino se cruzó la Orden Franciscana Seglar (O.F.S.), y, en concreto, la figura de San Francisco de Asís. Durante mi proceso de formación comprendí que todo aquello que, años atrás, me habían enseñado mis padres por un lado y los frailes franciscanos por otro, debía llevarlo a la práctica. Sentí que tenía la responsabilidad de intentar transmitir y compartir las enseñanzas que yo mismo había recibido. Lo hice convencido de que es fundamental que cada persona aprenda a valorar estos principios que dan sentido y dirección a la vida.

Ejemplos de estos valores son:
1.- Sacrificio
2.- Amistad.
3.- Pobreza
4.- Caridad
5.- Amor al Prójimo
6.- Austeridad

Podría decir muchas cosas más, pero creo que todo se resume en una palabra: evangelizar. Dentro de lo poco o mucho que yo pueda aportar, intentaré llevar a la práctica lo que san Francisco nos enseñó y, de esta manera, ofrecer a nuestra sociedad las vivencias y el amor que cada uno de nosotros llevamos dentro.

De una manera u otra, he intentado expresar en estas líneas por qué deseo ser franciscano seglar: porque quiero aportar, sumar y aprender de los demás, con el propósito de que juntos podamos ser mejores personas.

En los tiempos que vivimos, los cristianos debemos permanecer más unidos que nunca, y dentro de la O.F.S., inspirados por San Francisco de Asís, podemos dar mayor visibilidad a nuestra misión para que nuestros hermanos puedan acercarse y crecer en el camino hacia una vida inspirada en el Evangelio.

Por ello, ser de la O.F.S. para mí ha sido un antes y un después en mi vida cotidiana, por ello doy gracias a Dios y nuestro san Francisco de Asís.


PAZ Y BIEN
Francisco Manuel Iglesias Rivera O.F.S.

domingo, 22 de junio de 2025

Corpus Christi 2025. "El Señor ha estado grande con nosotros y estamos alegres."

 El pasado domingo 22 de junio celebramos con profundo gozo la Solemnidad del Corpus Christi, una jornada marcada por la fe, la adoración y el testimonio público del amor de Dios presente en la Eucaristía.

La jornada comenzó a las 10:00 h con la Santa Misa en la Concatedral de Santa María de Cáceres, presidida con solemnidad y recogimiento. Nuestra Fraternidad "San Francisco de Asís" de la Orden Franciscana Seglar participó activamente tanto en la eucaristía como en la procesión posterior, portando con alegría el estandarte de san Francisco, signo visible de nuestro carisma y compromiso de vida evangélica en el mundo.

La procesión, momento central de esta solemnidad, recorrió las calles del casco histórico, llevando al Señor Sacramentado en medio del pueblo fiel. Fue un testimonio público de fe, en el que la ciudad se convirtió en templo vivo, adornada por el paso del Cuerpo de Cristo, al que adoramos con humildad y gratitud.

Foto: Fernando Montes

Por la tarde, la celebración continuó en nuestra Sede Canónica de Santo Domingo, donde tuvo lugar la eucaristía de las 20:00 h, vivida con una intensidad especial. En esta ocasión, nuestra fraternidad celebró con gran alegría la profesión de nuestra hermana Concepción, que pasó a formar parte de la Orden Franciscana Seglar. También comenzó el rito de iniciación a la formación de Maribel y Carlos, quienes han respondido con generosidad al llamado de Dios al estilo de san Francisco.

La eucaristía fue presidida por los frailes franciscanos de nuestra comunidad, y nos acompañaron simpatizantes y amigos de la fraternidad. Fue un momento profundamente emotivo y espiritual, donde se palpaba la presencia del Señor en medio de nosotros.



Damos gracias a Dios, que no cesa de hacerse presente en el Sacramento del Altar y de llamar a hombres y mujeres a seguirle en la vida evangélica. Que san Francisco de Asís siga siendo nuestro modelo de vida, humildad y entrega al Evangelio.